DECLARACIÓN CONTRA COVID-19

Padre Celestial, nosotros, como el Cuerpo de Cristo, nos levantamos y te agradecemos que lo que pedimos, recibimos a través del pacto comprado con sangre el derecho a la sanidad y la protección divina en el precioso Nombre de Jesús. Y entonces pedimos un descubrimiento milagroso e inmediato de una cura para el coronavirus, desatado por el infierno sobre la tierra. Nos levantamos, como la Iglesia gloriosa y somos la fuerza en esta tierra que declaraste: ¡las puertas del Infierno no podrán prevalecer! Somos tu cuerpo ¡Y hasta el simple borde de tu manto sanó a los enfermos!

 

Y así, como Tu Cuerpo en la tierra, declaramos sanidad a todos los que leen esto y lo aceptan por fe. Ahora, como hijos e hijas de Dios, nos levantamos para profetizar según tu Palabra. ¡Hablamos al sistema inmunológico de nuestros cuerpos, los cuerpos de nuestras familias, los cuerpos de los miembros de nuestra iglesia, los cuerpos de nuestra comunidad local, y declaramos que somos saludables y sobrenaturalmente fuertes!


Declaramos que cualquiera de nosotros, nuestras familias o la familia de la iglesia que hemos sido infectados por este virus, ¡somos sanados por Tus llagas, en el nombre de Jesús!


¡Y ahora tomamos autoridad sobre el miedo y la ansiedad que ha detenido a nuestro mundo, nuestros negocios, nuestra celebración de la vida, y ordenamos que este miedo se detenga! El amor perfecto de Dios expulsa todo temor.


Ahora declaramos que NINGUNA enfermedad, virus o plaga puede cruzar la línea de sangre de Jesús.

Declaramos que ninguna arma formada contra nosotros prosperará. No prosperará contra nuestros cuerpos, nuestras mentes o nuestros espíritus. No prosperará contra nuestras familias o miembros de la iglesia.

Declaramos que ningún mal nos sobrevendrá, ni ninguna plaga se acercará a nuestros hogares.

Y finalmente hoy desatamos al ejército del cuerpo de Cristo para liderar el camino moviéndonos con fe, no con miedo, con amor y sin tormento, con esperanza no desesperación, y con compasión no con juicio.  Y profetizamos a los vientos que portan virus debilitantes, y decimos: ¡Silencio- calmense! ¡Y ahora, habrá una gran calma en el Nombre de Jesús!